“La industria de la moda es un hecho social total", asegura
en su libro "Sociología de la moda" el investigador francés Frédéric
Godart al descorrer el velo de una industria clave del modo de vida
contemporánea con seis principios que explican un mercado simbólico,
artístico, competitivo y productivo que late al pulso de cada período
histórico.
Desfiles, creaciones únicas, diseñadores súper estrellas, la
dualidad económica y artística, las fábricas en todo el mundo, los
trabajos seriados, símbolos y significados de cada época, estilos y
acciones que hablan de un momento y, al final, el qué ponerse -femenino
sobre todo- de cada día, son las capas de ese monstruo gigante que trata
de desenmarañar este investigador francés.
Godart se adentra -y
recrea- este universo millonario donde "la construcción de sentido es
central", echa por tierra esa suerte de "movimiento continuo" que tiene
para establecer un cambio regular de la moda, resultado de "un largo
proceso histórico" con gran peso en "las capitales de la moda".
Como
comportamiento social, la moda aparece en algún momento del siglo XIV,
pero Godart sostiene que al menos hace medio siglo "ocupa un lugar
central en nuestras vidas", sin embargo, la industria como tal la
identifica como algo "misterioso e inasible" donde sus cambios de
tendencias -y las causas que los provocan - se encuentran aún en las
sombras.
Así, Godart analiza los mecanismos de influencia social
que generan las tendencias propias de la moda, su creciente autonomía
estética y creativa (que en ciertos aspectos las emparenta al arte), el
culto a los modistos -entendidos como genios creadores- y las pautas que
establecen las grandes marcas, tanto por sus diseños como por la puesta
en escena de los desfiles.
Para el autor de este libro
recientemente publicado por Edhasa, la investigación profunda a nivel
mundial sobre la moda es algo "floreciente", sin embargo en su obra
logra identificar y dilucidar "seis principios que conforman un ideal
estilizado" pero en clave sociológica aclara "puede que se contradigan"
porque cada uno tiene su lógica propia.
El primero es la
"afirmación", una mezcla delicada de imitación y distinción.
Históricamente la moda comienza como un instrumento de afirmación de
poder por parte de la burguesía frente a la aristocracia. Con este punto
de partida, hoy tanto las palabras que se emplean, las marcas de auto o
la pilosidad facial van también con el vaivén de la moda configurando
señales de identidad sometidas a una industria.
"La moda hoy se
presenta como la hija del lujo y del capitalismo", dice Godart aunque
aclara que abraza otras esferas sociales haciendo que la afirmación esté
presente en todo tipo de moda "industriales o no".
La
convergencia, indica el autor, es otra clave que se manifiesta en las
tendencias como "fenómeno de influencia y centralidad" que dirimen el
consumo. Es en este punto donde se aplican los mecanismos de control
sobre la producción por grupos centrales organizados que "reducen al
máximo los riesgos" económicos.
Lejos de este principio mercantil,
Godart propone "autonomía" en la definición de estéticas y dinámicas
creativas que permite que la moda "se despliegue en escenarios sociales
determinados" donde se despliegan lógicas propias y no las sometidas "a
desideratum" de consumidores y productores.
Un paso más se da con
"la personalización" donde el individuo está en el centro de la escena,
lo que no significa -apunta- que "las elecciones sean realmente
autónomas". Una vez aclarado esto, bucea sobre "la creencia de la
autonomía" donde el mercado impulsa al genio creador "olvidando la
realidad organizacional de la moda".
A este teatro de las
elecciones personales, le sigue "la simbolización" donde las marcas -o
la construcción de ellas- toman por asalto las creaciones y le imprimen
significado y, por ende, poder.
Los consumidores reales no tienen
acceso a los diseñadores más influyentes -de hecho la cadena productiva
es muy larga-, los que sí acceden son pocos: compradores de grandes
filiales de producción, alguna celebrity que imprima status y
periodistas especializados.
Así, a través de los medios de
comunicación -transmisores o filtros entre los creadores y consumidores
finales- la palabra de la moda se esparce, se legitima como consumo
cultural actual y educa a un público sobre la importancia de vestir tal o
cual marca. Un ejemplo es el sitio The Sartorialist, que permite ver
panorámicamente los modelos "de moda" en cada momento.
El ejemplo
de influencia de las épocas por antonomasia es la revista Vogue -cuyo
dinámica fue llevada al cine con la película "El diablo se vista a la
moda"- que instala cambios, nombres y tendencias, siempre con epicentro
en las colecciones y desfiles de París, Nueva York y Londres.
De
los símbolos tangibles Godart pasa a la sistematización o los que él
llama "imperio", un tipo de organización que "apunta al triunfo de los
conglomerados de empresas en las industrias culturales" y que no compite
ya con el resto.
Estas claves sociológicas son mutables antes cambios políticos, económicos y productivos.
Cambian
los gustos, las tendencias de los consumidores como el slow fashion
(moda lenta) y hasta puede sucumbir un creador estrella ante un designio
del poderoso imperio.
La moda no es "impenetrable", dice Godart al final.

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